El apellido Silva emerge de la palabra latina silva, que designa bosque o masa arbórea. En la península ibérica, este nombre geográfico pasó a identificar a familias poseedoras de tierras en zonas boscosas de Galicia y Portugal. Con el tiempo, la denominación se expandió como apellido hereditario, alcanzando prominencia durante la baja edad media.
La dimensión religiosa del caso aparece cuando consideramos que la expansión de la dinastía Silva coincidió con procesos de evangelización. Los Reyes Católicos y la corona portuguesa integraron la fe católica como eje de organización social, lo cual dejó marcas visibles en los linajes que colonizaron América, incluidos los portadores del apellido Silva.